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martes, 12 de mayo de 2020

Botones - Mónica Lalanda

 


Deshacer la casa de tus padres es el siguiente escalón a enterrarlos, un duro trago que se hace con una mezcla de ternura, emoción y tristeza infinita.

Es rescatar recuerdos, encontrar pequeños tesoros que no recordabas o que ni siquiera sabías que existían.

Te sientes como un ladrón abriendo cajones cerrados con llave, como un intruso que husmea en intimidades ajenas.

Encuentras tu propio pasado, recuerdos de infancia, la tuya, la de tus padres, incluso la de tus abuelos, mezclados con trazas de tus propios hijos, fotos, dibujos “para la mejor abuela”, tarjetas…. Podrías pasar días, semanas, quieres terminar de organizarlo pero también quieres que nunca acabe, que continúe como metáfora de aquel primer cordón umbilical, como esa última oportunidad de sentir su olor, todavía en los armarios llenos de sus ropas.

En una de esos ratos de lágrimas y de sonrisas, encontré los botones de mi madre, un enorme regalo para la imaginación y la reflexión. He pasado dos tardes clasificándolos, mirándolos, casi mimándolos y al final dejando plasmada su existencia en esta foto como un homenaje a la mujer excepcional a muchos niveles que fue mi madre.

Pero muchos de sus atributos son comunes a una generación de mujeres, aquellas que fueron niñas de la guerra y la posguerra pasando hambre y miedo, adolescentes y jóvenes con una educación limitada (“ser médico es de hombres”), mujeres siempre a la sombra y tutela primero de padres y luego de maridos (la generación que ni siquiera podía abrir una cuenta en el banco o tener una propiedad si no era con un varón) pero excelentes economistas que eran capaces de ahorrar, de dirigir familias numerosas, fantásticas cocineras, cuidadoras dedicadas, maestras de vida.

Mujeres que individualmente no han hecho historia pero que como generación trabajaron para levantar un país en ruinas y para que sus hijos fuéramos mejores y tuviéramos más que ellas mismas. Unas luchadoras.

Los botones de mi madre me han contado muchas cosas; he encontrado el pasado familiar en formas varias y materiales diversos: cuero, nácar, metal, madera, plástico….; leo historias en botones de los años 50 que reconozco en una foto amarillenta de mi abuela, los de las trenzas infantiles, ropa de fiesta, de batas de estar en casa, los del uniforme de gala de ingeniero agrónomo de mi padre, de las camisas de los babis del colegio, botones minúsculos de ropitas de bebé, botones forrados….hay cientos de botones, algunos preciosos, otros horribles.

Resulta que en mi casa nunca se tiraba un botón, cuando una prenda se jubilaba, se guardaban los botones y se hacía trapos con la tela. Un eterno “por si acaso” y un constante “esto ha costado dinero”.

Y en estos cientos de botones leo el salto generacional e intuyo cómo hemos cambiado y quizás, lo que hemos perdido.

Lo que no sé es cuantos botones faltan, cuantos realmente fueron de utilidad, cuales se injertaron en otra prenda; la bolsa solo tiene los que nunca llegaron a ver más vida que la foto en la que ahora quedan inmortalizados. Y es que al final, la vida quizás sea solo eso, una enorme bolsa de botones.

Texto De: Mónica Lalanda (Gracias!)

Garabatos del tiempo

viernes, 24 de abril de 2020

Cuarentena con Pablo Bernasconi





Pablo Bernasconi siempre ayuda a pensar...

El texto elegido? La frase perfecta que apuñala...

Cada imagen es...? Un pedacito vivo de nosotros mismos, la casa nido, el mundo ovillado, los relojes en desuso, el mapa que dejó de tener límites y caminos y sentido de ser.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Oliverio Girondo

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

jueves, 9 de agosto de 2012

Nieto 106


Un nieto más, o un nieto menos. Este es mi pequeño homenaje. Esta muestra es el resultado del concurso TwitteRelatos por la Identidad, en el cual cientos de usuarios enviaron vía Twitter su microcuento. Un eximio jurado seleccionó 15 que fueron luego ilustrados por otros grandes artistas. Se puede ver toda la muestra en la página de abuelas.gov

@VeraScheiner Al revés de Gregorio Samsa: desperté convertido en ser humano y tengo un nombre ahora que resuena como un redoblante en carnaval.

Texto: Cintia Rogovsky
Ilustración: Istvansch

@Gonzaloyarzun Cuando lo supe quedé destrozado. ­-¿Y ahora cómo estás? -Todavía destrozado, pero al menos los pedacitos tienen sentido.

Texto: Gonzalo Oyarzún
Ilustración: Juan Zaramella

@valeriavweise Me pica acá, en el centro de la duda. Rasco a preguntas, capas de intriga y ocultas falsedades. Al final estoy yo. Lo dirá el tiempo.

Texto: Valeria Weise
Ilustración: Pablo Bernasconi

 
@RomanPelinski Es como si toda tu vida te hubieses mirado en espejos que deforman. Tu verdadero reflejo es otro. Las abuelas te buscan para mostrártelo.

Texto: Roman Pelinski
Ilustración: Lucas Nine

@andypeks11 Y la mano arrugada sostuvo la más jóven. Y unos ojos infinitamente buscados se miraron al fin.

Texto: Andrea Pérez Casas
Ilustración: Mirian Luchetto

miércoles, 13 de junio de 2012

Día del Escritor

Feliz día a todos los enamorados de los libros.

Feliz día a todos los que hacen que uno se enamore de los libros.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Arcoiris en un ojo



El tema musical es de Guiye Frayo, el video clip es de Cinehumus y desde aquí les hago un homenaje a ellos y a todos los que como yo tienen un arcoiris en alguna parte de su cuerpo o de su alma.

miércoles, 24 de junio de 2009

Homenaje a Javier Villafañe - Feliz Cumpleaños N° 100



Javier Villafañe fue ante todo mi amigo. Hoy, 24 de junio cumpliría 100 años. Cada cumpleaños levanto una copa y brindo junto a una marioneta que mi madre me trajo de los pagos de sus padres, Praga. La marioneta de cerámica es el personaje de un viejito al que yo llamé naturalmente Javier.

A Javier lo conocí en los 80’ en un encuentro de narradores y le hice un reportaje para la radio en la que trabajaba, le conté que escribía, que coordinaba un taller literario que se llamaba Carrusel y que era cuentacuentos. En esa oportunidad lo ví vestirse de teatro y montar El Panadero y el Diablo sobre sí mismo. Me maravilló, pensar que estaba rondando los 80 años y provocaba una magia alucinante. Nos volvimos a ver tiempo más tarde cuando yo ya había adquirido todos sus libros a través de su amigo Pablo Medina. Por supuesto que Javier me recordaba como si nos hubiéramos visto el día anterior porque los poetas flotamos en una misma dimensión conocida. Esta vez, Carrusel había editado un libro propio y aprovechamos a dedicárselo, era una Feria del Libro en Buenos Aires. Javier estaba acompañado con su compañera Luz Marina y caminaba y hablaba muy despacio. Ese hombre con ojos de mares profundos, tenía aún espíritu andariego pero esta vez era un andar pausado parecido al de los sabios; con esta imagen me quedé por siempre.




Más sobre Javier

Este poema me marcó personalmente. Tal vez haya otros más fuertes más sabios más irónicos…pero este a mí me ayudó a pensar y a arrancar de nuevo, atando un hilo a lo más importante, por eso es que está aquí.


ATÁ EL HILO Y COMENZÁ DE NUEVO;

atalo a dos puntas,

al último pelo de la barba.

Es necesario

-tan después y siempre,

tan de antes-

estar atado a un hilo

-cordón de ombligo

cortado a uña o diente

o con tijera-.

El hilo

atándote de cuatro pies

al suelo.

El hilo de la mano que te lleva,

el mapa dibujado,

la montaña

y la ínsula

donde perdés la pureza,

el lago de la lágrima,

la gota en la pared.

El hilo sobre los pies seguros

caminando,

y es lo mismo otro barco

el mismo puerto

y olvidás algo en el umbral:

un impermeable,

y llueve.

El hilo de los ojos,

el hilo del deseo

-la noche por una calle larga

con los balcones altos

y las puertas cerradas-.

El hilo de saber que se corta

y atarlo haciendo nudos con remiendos,

atarlo a llagas,

a muletas;

trenzando el hilo,

dándole raíces

para que encuentre

un cuerpo

la forma de la tierra.

Homenajeando a Javier y a La Andariega. Acá cuento quién es, qué hacía, qué sentía ...



De oficio: titiritero (y con el mameluco puesto).

Pero algo más: fue un pionero en Argentina de este arte milenario que es el títere.

Pero todavía más: fue un creador, un poeta, un escritor (para chicos, para grandes, para todos!).

Pero también: era un amigo de los pájaros, de las palabras, los juegos y la vida. Y por sobre todas las cosas: fue un soñador y un buscador de sueños. Y el que sabe buscar, anda. Y él sabía de andanzas, era un trotamundos que no se cansaba de recoger historias ajenas (que recopilaba, juntaba, apilaba, editaba) y de contar las propias. Tenía una carreta llamada La Andariega y supo andar tantos caminos y cabalgar tantas aventuras que hasta hizo el camino del Quijote de la Mancha!

Decía Javier alguna vez hablando de los títeres de todo titiritero:-Son la continuación de sus manos, su sombra, la piel por la que respira y vive”.

Javier y Liber Fridman, dos amigos dos niños (1938)


Javier Villafañe y Venezuela

Venezuela ha sido su otra patria. Recuerda un diario de Caracas, su entrada al país:

“Cuando llegó al aeropuerto de Caracas en julio de 1967, el célebre titiritero argentino Javier Villafañe sacó a los aduaneros de sus casillas. Ataviado con su eterno overol gris –el único atuendo que se le conoce- declaró que llevaba en su mano izquierda “un paraguas ambulante para el sol, la lluvia o los rayos XX. En la otra tenía una pequeña valija, y dentro de ella, a Maese Trotamundos, Juancito, los Fantasmas, el Capitán, el Caballero de la Mano de Fuego, Trenzas de Oro, el Policía y el Diablo. Entonces, cuando estuvieron a punto de apresarlo por contrabandista de historias y fantasías, sus personajes (casi asfixiados) salieron de la maleta e hicieron una gran función. Aturdidos, asombrados por el despliegue del artista y sin saber qué hacer ante esa invasión de títeres, los incorruptibles guardias fronterizos hicieron la vista gorda ante ese extraño personaje.”

Extraje esta noticia de la impecable Antología de Javier Villafañe que hiciera su amigo Pablo Medina, ed. Sudamericana 1990.



Javier Villafañe - Premio Konex (Letras) 1984




Anécdota con "La Cucaracha" - Mi libro de Javier preferido

La tía gorda estaba por llegar en avión a visitarnos. Era muy viejita para entonces. Mi hermano, mi futura cuñada y yo la fuimos a recibir al aeropuerto y allí nos enteramos de que el avión aún no había podido despegar de Bs.As. merced a una tormenta, así que nos fuimos a una confitería del centro a tomar algo para que la espera sea más amena. Yo llevaba el libro de Javier “La Cucaracha” en el auto porque lo había empezado a leer y no lo había podido “soltar”. Como se nos venía una espera larga les propuse seguir leyendo el libro entre los tres, es decir en voz alta mientras tomábamos la leche. No olvidaré más esa tarde, fue larga y placentera. Los cuentos eran apasionantes y hacíamos una charlita entre uno y otro. Terminamos el libro y ya casi de noche volvimos a buscarla. Bajaron todos del avión menos ella. Era la época en que te dejaban esperar o despedir a los pasajeros en la pista de aterrizaje, allí estábamos los tres. Luego del último viajero, sacaron la escalera de descenso. Recuerdo la cara atónita que teníamos y la sorpresa cuando se desplegó una nueva escalerita en la parte trasera del avión. Hecha una reina bajaba la tía en silla de ruedas con un azafato. Allí llegaba, nos buscaba su mirada de ojos oceánicos, sus pelitos blancos se escapaban del pañuelo que llevaba puesto en su cabeza para atajar el eterno viento neuquino. Cuando se levantó de la silla la ví más chiquita que nunca. Nos dio abrazos y la mano para ayudarla a caminar, le toqué su piel de pasa transparente muy suave. Esta suavidad en las manos no tiene comparación ni metáfora posible. Será por tanta lana que pasó por ellas?

Javier Y Miró


Enrique Molina dice acerca de la poesía de Javier: “…hay algo en los textos de este particularísimo poeta que hace pensar en la pintura de Miró. Ambos mundos se corresponden.”

Para demostrar esto, les regalo un juego que armó Javier para todos nosotros. Siempre lo jugábamos en Carrusel.

Van primero las Instrucciones:

-Cortar los versos (por la línea de puntos). Guardarlos en un sobre.

-Cuando se quiera jugar, sacarlos, ponerlos en la palma de la mano, barajarlos o tirarlos sin barajar.

-Como caigan los versos van a tener siempre un poema. El poema se hace y se deshace y se vuelve a hacer y a deshacer, y se lee como cae. A jugar!



de lápiz de cuaderno de catedral sin pájaros

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me hielo hasta detrás del frío

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doliéndome su mano mi sombra

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estoy llamándote

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la sota y el caballo se escapan de los dedos

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inventame un azul de tocar

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donde señalo con el índice podés leer “te amo”

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un zapato con ceniza y lluvia

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un engaño en la selva

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y la encuentro

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su pequeña altura

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de gata salvaje

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es un viento de uvas en la frente

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un ajedrez donde el alfil no es torre

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en un humo mojado

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la busco

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de unos tigres

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y la sigo buscando con ella al lado

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enredaderas

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unos hierros una lengua acariñando el ocio

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bruja





miércoles, 17 de junio de 2009

De libros, historias, memoria, presencias



Hace mucho tiempo me encontré con esta foto que atesoré hasta hoy. Es una instalación o mejor, un trabajo multimedio (con proyección de video y música, despliegue de libros, crayones, dibujos y pinceles) que hizo Monika Weiss (N.Y) en el Inter-Galerie de Berlín en el marco de una muestra llamada Phlegethon-Milczenie 2005. Phlegethon es "Río de Fuego" es uno de los cinco ríos del reino del Hades y Milczenie es una voz polaca que significa "silencio". Es fuerte y emocionante y hoy se las regalo para este Día del Libro 2009 con la convicción de que "Los libros nos hacen más libres".

Arte Japonés

Para un Día del Escritor 2009, les regalo un poco de arte japonés. O cómo se dice?