Suspiro con amor por los deseos conseguidos. Suspiro con tristeza por los no cumplidos. Suspiro para quedar llena de aire, del que necesito para vivir, y para echar a volar también, salir andando.
sábado, 17 de enero de 2026
Balance 2025
martes, 31 de diciembre de 2024
Balance 2024
Brindar por el amor y hacer de ese brindis una mágica poción que me dió y nos dió un impulso para trabajar denodadamente desde el 1 al 22 de enero, con ganas, pasión, stress, fortaleza. A veces con una diversión desmedida y otras con el pesar del cansancio en la piel enrojecida. Fueron llegando los amigos de Rodri y Marti, uniéndose a los festejos y a los deseos de que sea la mejor fiesta de casamiento. Mis pensamientos se batieron sin cesar con mi propio pasado en igual situación. Me vi joven y eso me fortaleció aún más. Me centró en mi anfitrionidad, la disfruté. Me sentí acompañada por Mabi y Rober, en la misma sintonía. Convertimos la casa en un nido, donde se recordaron todas las edades de Rodri: el bebé, el niño, el adolescente, el joven. “Papá pato a mamá pata, el patito está en su nido” era la frase típica de la familia para indicar que había vuelto de alguna salida sano y salvo. La casa había sido el escenario de momentos icónicos que los amigos trajeron a la memoria entre carcajadas melancólicas y abrazos prolongados. Fue una buena elección celebrarlo en la casa. Los discursos en la ceremonia fueron sentidos, intensos, emocionantes. De los testigos y padres de la pareja. Marti entró al jardín del brazo de Laura, su mamá, apoyo incondicional que revalorizó los lazos femeninos que se estaban creando en esta tribu, como me gusta llamar a mi familia extendida. Faltó Dacio, no sin comentarios y entredichos. Faltó el Chino y me dolió, pero no me podía caer en ningún momento y menos en el desamor cuando lo que se festejaba era el amor. Faltaron abuelas desalmadas y parejas que se declararon desparejas. El amor es un hecho político, se toma conciencia, se trabaja para su permanencia, se institucionaliza en el matrimonio, se conforma un protocolo, tiene reglas tácitas.
Pasaron muchos dias para que la vida pudiera normalizarse. Primero se fueron yendo todos a sus vidas y lugares, luego fuimos acomodando botellas, freezers y muebles. Muy de a poco comenzamos a pensar para adelante porque el para atrás había sido hermoso, una reunión donde no faltaron tías y sobrinas, hermanas y cuñadas, abuelos y padrinos. El calor derritió las pretendidas velas y marchitáronse las flores de las mesas, quedando la anécdota cómica para las mejores sobremesas. Después de esto, el año transcurrió tranquilo y sin apuros.
Comencé a ir a clases de guitarra porque sentí una tremenda nostalgia por el sonido de las cuerdas, en especial por la tonalidad de la electroacústica que compartíamos con mi hermano. Fue importante escucharme y entender que podía, y disfrutar de mi propia melodía en mis cuatro paredes, un mimo a mi alma. El momento del concierto de fin de año, fue en el anfiteatro de la ciudad, y usé para algunos temas la eléctrica de Rodri que se enorgulleció de su madre cuando vio las fotos y se atrevió a subirla a su instagram como historia. Me llenó de euforia y la autoestima subió varios niveles. Era sentir nuevamente que podía.
A mitad de año, cumplí los 60. Decidí pasarla con la persona más importante de mi vida así que viaje a BsAs. Llegar a esta edad es pararse en el umbral de lo que te falta vivir, pensar en lo que harías antes de morir, qué modificar de la vida, de lo que se puede decidir obvio. Fue allí cuando planeamos las vacaciones de invierno, viajar con mi nieto a ver a su papá…así que un mes más tarde nos encontramos en el mismo lugar para disfrutarnos en mi plaza de la infancia, mi cine, mi barrio. Valoré la confianza que me dieron estos jóvenes papás de viajar con un chiquito de 5 años en avión y por una ciudad gigante que nos traga en amores. Paseamos a más no poder, tejiendo lazos increíblemente fuertes y hermosos. Y espero poder repetirlo hasta el fin.
domingo, 31 de diciembre de 2023
Balance 2023
Los comienzos de todas las cosas
son apasionantes. Brindé por ello, instintivamente. Este fue un año de esos que
se recordará porque es comienzo de una fractura mental y porque transgredí
todas las reglas posibles. Cómo comenzó todo? El hito: la tremenda decisión. Presté
mi casa y me mudé. Y como toda casa nueva me llevó la euforia de acomodar,
pincel en mano, agujereadora, ordenar mis libros, mis petates, hacer jardín,
sembrar el césped, coser las cortinas, todo todo todo por supuesto en la
armonía disarmónica que se revelan los cambios.
Contra el furor de los que
desaniman y no acompañan la causa debí hacer escudo, angustiarme con la
fragilidad del desamparo y morir de felicidad con la confianza del acierto de
la decisión. No sé si por terca o por emprendedora, gané un espacio conmigo
misma que me fortaleció. Muchas veces miré alrededor y respiré aire nuevo,
calmadamente, cursando el desarraigo con tibieza. Lloré mucho por la adversidad
de los amores y porque esperé lo que no se debe esperar nunca. Quereme como
yo quiero que me quieras, no es en absoluto más que un capricho absolutista.
Aprendí mucho, me hice más sabia. Transité límites. Rodri me acompañó y eso
bastó. Crecí. Y está bueno eso. Escuché como nunca a mi padre, a mi ex, a mi
hijo, diálogos largos, asados eternos, meses más fríos que nunca. Hice viajes
insatisfechos, me prometí no volver a hacerlos. El mejor viaje fue conmigo
pensando para adentro de mi misma, buscando ansiadamente como vivir mejor.
Hace un mes Rodri volvió a
sorprenderme; me dio a entender que si no me despabilaba me quedaba afuera de
la foto de su casamiento. Había puesto fecha y yo aún no lo creía. Sólo el tema
de la foto me recompuso. Lo llamé por teléfono y le dije que me ponía las
pilas. Marti me pidió que les diseñe el té para los souvenirs. De golpe me ví
con la alquimia de un nuevo sabor y con la artesanía de confeccionar 100
saquitos y 50 pirámides en origami. También me pidió, que en la ceremonia,
dijera unas palabras. Entre pliegue y pliegue pensaba en el amor, su amor, mi
amor. Hablar de amor justo ahora? Y cuándo si no? Siempre estoy convocando al
amor. Creé a Y sin embargo te quiero! Que por cierto este año fue hiper
productivo, llené el catálogo de sabores de té, trabajé amorosamente, con
disciplina, escribí mucho, fui a ferias, dí capacitaciones a mozos y mozas… LLegaron
las fiestas de fin de año, y tuve la fijación de brindar por el amor! No se me
ocurre otro brindis: Por el amor, que es para cada uno distinto. No es el mismo
para cada cual. El amor no es universal, único. Cuando hablamos del amor, cada
uno piensa en algo diferente. Yo aprendí este año de un sopetón que es
tremendamente frágil y fabulosamente poderoso. Y creo que por ahí va ir el
discurso. Chin chin. Por los que apostamos al amor diariamente, salud!
viernes, 30 de diciembre de 2022
Balance 2022
viernes, 31 de diciembre de 2021
Balance 2021
jueves, 31 de diciembre de 2020
Balance 2020
Como si se tratara de un presagio, haber brindado por la vida un par de meses antes que la OMS haya declarado una nueva pandemia que azota a la humanidad, fue todo un símbolo. Cada día que pasaba fuimos aprendiendo a valorarla, ansiarla, cuidarla, pensar denodadamente en ella….Me resignifiqué, me armé, me puse escudo, me puse en lucha, me calcé los zapatos con clavos para poder escalar y no caer de la cornisa, fuerza, vamos, no es más que un nuevo desafío. O como me dijo Ceci al teléfono: -Es lo que nos toca vivir- Y enseguida el link que uno hace es: nuestros abuelos viviendo de niños la primera guerra y huyendo de jóvenes de la segunda…y de la otra rama, nuestra bisabuela, tras varios meses en barco, parió a mi abuelo en el viaje…Los inmigrantes están hechos de sufrimiento, paciencia, desarraigo y hambre. Pero a nosotros nos tocó esta otra historia, la de la pandemia, que se podía convertir en guerra por los alimentos, los respiradores y las camas de terapia. Si así se crearon mis miedos, los ahuyenté con valor de nieta y bisnieta de inmigrantes. Creo que en parte estaba fortalecida porque un mes antes Rodri nos arrastró a todos a un viaje tan sentido como escandaloso… nos regaló la satisfacción de haberse recibido que para un padre es como sacarse la Lotería del Amor. Pero además se sumaba a que fuimos a visitar a Delia que Dacio había convertido en tatarabuela y fue fuerte…y más fuerte fue que de golpe (no sé quién llevó a quién) pero nos encontramos Rodri, Dacio y yo en la Plaza de Martínez, en la calesita de mi niñez, en mi calesita, y no hay explicación para el paso de los días más que pasan, ni sabiduría de cómo se imprimen los bellos recuerdos en eterna cadencia…y esa contentura aún me duraba. Así que con el envión que da la felicidad de haberse sacado la sortija, alcé a Rodri, compré la embutidora, la harina, los petates para ayudarlo a andar, cruzamos puentes cual fronteras y par a par, y como pudimos (con la lengua afuera, con el latido galopando adentro) emprendimos el sueño que había comenzado como proyecto hacía 10 años atrás en un lugar que se llamaba El Último Beso. Lo nombro porque recordamos ambos el preciso momento en que lo soñamos. La diferencia es que lo haríamos este año, año de la pandemia, las restricciones, el alcohol en nuestra piel, y los barbijos tapando la boca de los deseos. Arrastrada por la corriente del río más asombroso de mi vida hecho hijo hecho Rodri…Nació Gula. Y pudimos y pudo y pude. Y llené de paréntesis lo que no pude. Total, más adelante…y sin embargo.
Me sorprendí de cómo fui mutando de la sidra inconclusa al curso de agroecología del Inta, de la banda querida al taller de bombo para principiantes de Flor, del romanticismo de los panes recién horneados y los postres perfectos a la agitación en la gestión de los créditos bancarios para sobrevivir; enamorándome con Casita de Chacra y todas las buenas lecturas que las tardes apacibles, nubladas y llenas de pájaros me adormilaban de placer. Con mi Chino, más juntos que nunca, bailamos folclore, practicamos las partes que el maestro nos enviaba y la casa se llenó mágicamente de música a horas extrañas, encontramos las voces latinoamericanas cantadas por Isaac et Nora desde lugares tan lejanos y a la vez instalados en nuestro living por la maravilla de la tecnología que nos hizo estar cerca de todos, pegados mejilla a pantalla.
Casi a fin de año y aunque sintiendo alguno que otro sueño expropiado por la propia realidad advertí una vez más la inmensa grandeza de los logros de un año que pareció durar mucho más que 365 días, de estar sanos, y vivos. Para la Navidad estuvimos con el barbijo corrido por un rato para comer el consabido vitel toné cada vez más perfeccionado y no hubo baile ni abrazos con extraños. En el momento de los deseos, al brindar, no puedo pensar en otra cosa que en la vida, que esta mesa se repita, con los mismos, brindar por los hombres de ciencia que están ahora pipeta en mano microscopio en ojo, trabajando en la vacuna… sí, que se invente pronto prontamente, salud.


