domingo, 14 de noviembre de 2010

Humus - Bigotes de chocolate



Los conocí cuando vinieron al pueblo a devolverle algo de lo que tomaron prestado en la infancia. Los ví repartiendo unos papelitos a la salida del supermercado y demoré la marcha para mirarlos, tenían la cara llena de ganas y las ilusiones con desesperación de tomarme por asalto. Las sonrisas se chocaron, sentí una algarabía que me hacía falta y me aferré al papel para no olvidarme de la hora de la invitación. Llegué al lugar adonde montaron un cine y los propios actores me dieron la bienvenida para involucrarme en un juego como sólo se juega en los recreos de la escuela, con ruido a risa, con sabor a amigos, con olor a tiza, con la mirada puesta en el foco del corazón. Eran el grupo Humus. Y éste es un tributo a los encuentros.

martes, 5 de octubre de 2010

Primaverazo



Sí, cambia la paleta del pintor, primaverazo es poco, acá el valle es exclusivamente todo flor.




Flor de manzanos, ciruelos, perales, durazneros, cerezos...




Felizmente cuando he de terminar mi manta de lana, me desperezo, me saco la modorra y salgo a primaverear. Parece que todo lo que tejí adentro, toda esa trama que despacitamente fui gestando, hoy se desata afuera desenfrenada conmoviendo el aire, disparando el concierto de colores y calores, aromas mezclados y sabores de contento. Una fiesta para el ojo!




De golpe se ven en las ramas grises las yemas henchidas que me detengo a mirar para darle un clic con mi cámara, me río cuando me acuerdo del jardinero loco que venía con la lupa, yo estoy igual, descubriendo los brotes que explotan, no me quiero perder ningún verdor.



Encima llovió lo que aquí llovería en un año entero y quedó todo sumamente brilloso…



llovió con nubes oscuras que siguieron de largo, llovió lluvia fría de madrugada,



llovió un atardecer calentito con sol y arco iris, se casaron las viejas y paró, y como si tal cosa las flores del cerezo sacudieron su pereza para la foto…

domingo, 3 de octubre de 2010

Cerezeando

Coquetea tanto como yo, no lo puedo creer, tengo que poner la cámara de costado para que entre, está gigante, Rodri arma la carpa debajo, no hay mejor lugar para cobijarse y mientras él juega al explorador yo juego a fotografiar la florcita más chiquitita o a espiar el jardín desde atrás del molinete o el remolinito, como le decimos en casa.

Entretanto, la vida sigue, las abuelas encontraron otro nieto más, nos llenamos de asombros y pesares en la hora del noticiero, Latinoamérica sangra como de costumbre esta vez en Ecuador. Y las chacras parecen tan ajenas a todo, estallan, cambian, tan naif es la primavera a pesar de su esencia revolucionaria…

domingo, 22 de agosto de 2010

Aromo de mil amores



Cuando llegamos a la casa ya estaba y allí decidimos hacerle a Rodri una casa árbol. Hoy ya tiene el ancho del terreno, unos 17 metros y dejamos que el estilo sauvage de su melena llegue al suelo. Y su cresta casi toque el cielo , azul, que sólo conozco aquí en la Patagonia. Todo se aprecia en la foto menos el zumbido de miles de abejas que se revuelcan en los racimos de flores. Tampoco se vé el aroma dulzón que se siente desde lejos, allá en la esquina de la cuadra cuando uno va caminando justo allí donde te ladran los boxers. Es ésta una invitación virtual a sentir la algarabía, el color, la belleza, la fragancia, el estallido, el asombro y la admiración. Este es un invierno lleno de luz. El tiempo pasa sin la medición de la señorita de matemática que pretende dividir 4032 horas 280 minutos 546 segundos divido 3090 horas 456 minutos 600 segundos porque sí, sin ningún sentido real. La única realidad es que cuando el tiempo pasa cuesta mucho recordar cómo era antes, cómo era el nacimiento, cómo era el principio, por eso uno tiene la buena costumbre de retratar las cosas, y luego verlas y disparar el recuerdo.




lunes, 16 de agosto de 2010

Inviernazo

Madura el limonero y le doy rienda suelta a los tés y a los quereres. No termino el patchwork todavía porque es lindo tener algo de lana en mis adentros. Florece el duchaznero, como me dice mi amigo el vendedor de duraznos. Y entre gripes y cumpleaños, nieve y vacaciones; me atrevo a soñar, desde ahora en voz alta. Será porque crecí un año más, o como dice Borges, uno aprende.



Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende que el amor
no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender.

Que los besos no son contratos

y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas

con la cabeza alta y los ojos abiertos

y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.
Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma, en lugar
de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende...
y con cada día uno aprende.


Jorge Luis Borges



lunes, 7 de junio de 2010

Otoñazo

También se podría llamar “otoñando” porque eso es lo que exactamente estoy haciendo, dejarme estar como está el sol sin que nadie le diga nada, hacerme un mate, salir a caminar y enhojar o más bien enhebrar las imágenes que me trae el foco de la cámara en este ir y venir desde el cielo al suelo descubriendo colores y texturas. El olor del otoño es una mezcla de tierra mojada, cáscara de limón y de lana y se los cuento porque eso no se vé, tampoco se vé lo mejor, lo que se cruje se siente se humedece y se vuelve a entibiar después de cada mate… y esto tan así de simple es tan queriendo ser el único motivo para quedarse acá nomás. Así que también podría titularse “motivos para quedarse”. O “ganas de hacer un patchwork de otoño para abrigar soledades”.