Semillas.
Brotan.
Despertares.
Otoño.
Por la salud y la paz, la magia y los milagros, y las sonrisas. Así terminé brindando el año pasado, así arranqué sonrisienta, con una ceremonia de té que prometía todos los cumplimientos de los sueños. Ha sido un año en el que sin dudas, brotaron las semillas de sueños plantadas. Se hacen realidad verdemente, se iluminan con la luz que Rodri y yo les damos. Y crecen. Siguieron teniendo protagonismo las caras de la infancia que se asoman al Facebook y a alguno que otro encuentro que nos hace recordarnos y seguir queriéndonos. Qué más? Rodri está en la cuenta regresiva con su medicamento y eso emociona, claro. Nos hace dar cuenta además que se va la infancia, el “petit mal” no se hace adolescente, al menos eso esperamos…se vinieron los granitos con toda la fuerza y mamá corre con la cremita…recorrimos la secundaria, la sufrimos, la disfrutamos también. Acompañamos el sentimiento de los amigos de la montaña que se bañaron en cenizas y que a seis meses de esta catástrofe? practican un brindis con la frente alta. Un año eleccionario, se reafirmaron las fuerzas políticas y se renovó la esperanza de una sociedad más justa. Las abuelas encontraron a la nieta número 105, y su lucha por la memoria, la verdad y la justicia es un ejemplo que el mundo entero realza. Ahí está, este es un buen brindis para terminar este año, por las luchas, por los que seguimos de pie, por los sueños crecidos, salud!
Ceibo de lejos
Ceibo con rosita rococó
No es una instalación, les aseguro. Iba caminando y lo ví. En una vereda, perdido zapato y expuesto para ser encontrado? Así es Buenos Aires de insólita y precisa, así es cualquier ciudad que se precie de ser mujer caminada, recorrida, con andar descalzo y sentido, para dejar huellas profundas en la piel o en el empedrado, planta a planta. Juego, como siempre a dar un nombre a las cosas: “abandono”, “me perdí”, “busco a mi par”, “dónde está Cenicienta?”, “recorridos rengos”,”la pisada”, “casa de gato”, “no me mees”, jaja, lo peor es que pasé por ahí seis meses después y el zapato sigue igual, misma posición, lo que bien podría titularse “aún espero” o “persitencia”.
La bisagra entre lo real y lo virtual